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NO ES MENOS MESSI

Categoría: El Análisis de Demetrio Publicado el 14 Julio 2014
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No logró hacer campeona a su selección. No pudo deslumbrar al mundo entero con un golazo en la final, se quedó muy cerca de la gloria pero con un sabor muy amargo por no haber podido liderar a lo grande a la albiceleste.Messi ganó el trofeo más doloroso de su carrera (el de mejor jugador del torneo) porque pese a darlo todo no fue suficiente para llegar a la cima. Los argentinos seguirán teniendo a Maradona como Dios pero el cuatro veces balón de oro pasó a la historia sin necesidad de ganar el cetro del fútbol mundial. Utilizar la final para examinar a Messi como si tras un campeonato irregular tuviera una reválida para demostrar no se qué es de necios. 

Una carrera profesional como la suya no se derrumba por 8 partidos. Una carrera en la que batió todos los récords anotadores posibles, en la que fue determinante en las competiciones más prestigiosas del fútbol europeo no se evalúa en función de su rendimiento en la Copa del Mundo. Messi no es menos Messi por no haber salido por la puerta grande en este Mundial.

Considerar este Mundial como la vara de medir para no situar al de Rosario a la altura de Pelé o Maradona es cuanto menos ridículo. Messi no se jugaba igualar a Maradona. Las connotaciones histórico-políticas que rodearon la gesta del Pelusa convierten su hazaña en única e irrepetible. Caer en esa comparación es simple y mezquino además de poco objetivo. Lo difícil es valorar la dificultad de lo logrado por el astro argentino temporada tras temporada (también la última aunque en menor medida) manteniéndose en la excelencia durante cinco años de forma consecutiva, lo nunca visto en el deporte rey. 

Tampoco se jugaba el derecho a sentarse en la mesa de los más grandes: Di Stéfano, Pelé, Cruyff y el propio Maradona porque lo adquirió por méritos propios hace tiempo y nadie se lo puede arrebatar. Lo que había en juego era tener o no un mundial en su increíble palmarés que lo seguirá siendo por los siglos de los siglos. 

La vitrina de trofeos que su hermano lució un día en twitter no dejará de ser insultante para la mayoría de futbolistas de la historia. Incluso los que pueden decir que han ganado un Mundial y que admiten ser admiradores del que ha rendido de forma sostenida en el tiempo a un nivel inalcanzable.

El papel preponderante de Javier Mascherano, que pasó de jefecito a jefazo a base de demostraciones constantes de un liderazgo integral, dentro y fuera del terreno de juego, ha contribuido a restar mérito a la pulga en cuanto a su trascendencia en comparación con el mediocentro. Messi no ha fracasado. La albiceleste llegó a la final 24 años después gracias, en parte, a él. Su influencia es mucho más que sus goles. Pese a no verse la versión más eléctrica del rosarino sí que ofreció trabajo de presión, de lucha, una actitud intachable. En la final le flaquearon las fuerzas pero mientras pudo estuvo a un nivel altísimo. 

Me pregunto si hubiera logrado un solo gol, el de la victoria de Argentina frente a Alemania, si alguien se atrevería a discutir su supremacía. A pocos centímetros estuvo de lograrlo pero en esto del fútbol parece que la gloria y el fracaso se deciden por centímetros. Pues no. Messi hubiera hecho el mismo correcto Mundial si hubiera marcado en la final. Una serie de ocho partidos en los que ha ido de más a menos, en los que ha seguido en la línea de su temporada más floja hasta ahora en el Barça pero sin dejar de marcar goles. No ha alcanzado el rendimiento óptimo para romper las defensas rivales y ser el más desequilibrante, aún así, en el primer tiempo de la final se puso el equipo a la espalda y atemorizó a los alemanes en varias ocasiones. No ha sido el Mundial que habrá soñado una y otra vez, no ha sido la estrella rutilante que es pero no necesitaba esa copa de oro de 18 quilates para ser señalado como maestro de maestros con el balón en los pies.